Tod@s corremos. Yo corro, tú corres, el/ella corre. A veces juntos, nosotr@s corremos, vosotr@s corréis, ell@s corren. Al final se trata solo de eso. CORRER.

En un maratón nada está escrito (Maratón Madrid 2.018)

Crónica de Dave.





He necesitado unos días para digerir la experiencia y poder hacer balance de lo que viví en Madrid y en su maratón. Y aquí están mis reflexiones…
Tras una temporada pasada en la que corrí dos maratones en tan solo dos meses, Sevilla y Madrid, tenía muy claro que en nada que me lo propusiera podría bajar de 3h en un maratón, y ese era mi objetivo para este Rock And Roll Madrid 2018. Sabía que no era tarea fácil, pero me veía totalmente capacitado y en cierta parte, entre mis expectativas, mi entorno, mis tiempos en otras distancias, sentía que lo haría.
La realidad, me ha hecho ver, que un maratón, no hay nada escrito, que aquí uno y uno, no son dos, y que en esta distancia de 42k siempre hay cosas que se escapan a tu control.
El día comenzaba perfecto, fuimos juntos “el profe”, Rivilla y yo, en tren, al llegar nos fuimos encontrando con el resto de los villanos, en esta carrera se sienten los nervios de los compañeros, sus silencios, esas miradas perdidas, pero yo me sentía feliz, por fin había llegado el día que estaba esperando.
Nos hicimos fotos en las inmediaciones de la Cibeles, pude estar un rato con mi hermano y el resto de los runners y nos fuimos yendo cada uno a nuestro cajón. De camino vimos a Briones, que hasta unas horas antes ni sabíamos que corría el maratón. Dejamos a Dori y a Edu y de nuevo,  Rivilla, el Profe y yo, nos fuimos al cajón 2, desde el que saliamos y por que el también debería estar Verdeal, pero al que ya fue imposible ver. Tras esos minutos que parece que no pasan empezó la carrera.
Los primeros metros como siempre no se puede casi ni correr, gente que va muy lenta, otra que parece que le va la vida, mi ritmo de crucero sería 4:10 por km, sabiendo que durante 6km podría perder tiempo al ser subida, poco a poco fuimos cogiendo ritmo, en Pz Castilla di caza a Verdeal y proseguí mi viaje, bajando Bravo Murillo, es el sitio perfecto para recuperar el tiempo perdido del comienzo, todo iba perfecto, buenas sensaciones, cada vez más cerca del globo de 3 horas, que había salido muy fuerte.

En Cuatro caminos, torciendo hacia Nuevos Ministerios, está mi amigo Jose animándonos, la cantidad de gente en esta zona en la que la carretera se estrecha es brutal, me encanta, vuelo, me siento feliz. Hoy es el dia me digo. Paso el km 12 en 50:02, lo estoy clavando. Pasamos por una zona nueva en el recorrido, a espaldas del Palacio de los Deportes, me tomó el primer gel en la subida de Velazquez, donde está Rober, animando, que ilusión verle. Y poco después enlazo con Iván de Marchamalo, con él viajo bastantes kms. En el 19, está mi amigo Pablo, como siempre fiel a su cita y nos preparamos para la mejor parte de la carrera. Gran Via, Callao, Preciados, con los ánimos de Merce, Basi e Inés y la multitud de gente en Sol, recuerdo como se me ponen los pelos de punta. Sin duda es el mejor momento de la carrera y este año coincidía con la media maratón, que pasé unos segundos por encima de 1:28, todo sigue su guión.

En el palacio Real, están mi cuñada y mis sobrinos y poco después mi hermana, me excitó de verles animándome, es increíble, que sensación. Pero no había pasado ni un kilometro de ese momento, llegando al km 24, cuando subimos una leve subida por la calle Ferraz, siento un fuerte dolor en los aductores, que me sube hacia el vientre. Dejo que Iván se vaya y pienso bueno ahora en el Parque del Oeste que es bajada puedo recuperar un poco, seguro que estos dolores no son nada.
Esos casi dos kilómetros son los últimos que consigo hacer a 4:10 pero a duras penas, porque el dolor no desaparece, cuando giramos para encaminarnos en la larga avenida de Valladolid, empiezo a asumir que algo está pasándome, he comido bien, he bebido agua en todos los puntos, estaba llevando el ritmo que quería pero ¿por qué me duele? Esos casi dos kilómetros hasta Principe Pio, que dan entrada a la casa campo, asumo que voy a tener muy difícil bajar de 3 horas, el dolor cada vez es mayor, siento algún pinchazo por la ingle. Justo en Principe Pio, le doy a mi familia la riñonera que llevaba con los geles, no puedo llevarla del dolor, me molesta todo, me desabrocho el cordón de las mallas e intento afrontar lo que me queda de carrera de la mejor manera posible.
La Casa Campo, ahora es un mundo, sientes más humedad en el ambiente, menos gente animando, un terreno diferente con subidas y bajadas. Allí llegó la confirmación que no solo no bajaría de las 3 horas, ni haría marca y sino que ya veríamos cómo iba a acabar, porque cada vez el dolor era mayor, los pinchazos más constantes. Me tomé el último gel, me disfrace con una sonrisa en la cara, me olvide de todo, del tiempo, de la gente y me metí en una burbuja en la que nada importaría hasta llegar a meta.
Y así pasaron los kilómetros, algunos más rápidos, algunos más lentos, algunos con más dolor, otros con menos, desde el 38 acompañado de mi sobrino, que me veía sufrir, pero incansable. No sentí que la carrera se me hiciera larga, solo corría, no pensaba más. No era capaz de nutrirme de los ánimos de la gente, de disfrutar del ambiente, solo me importaba llegar, como un autómata, programado para ese objetivo, llegar.
Y llegué y allí comenzó mi verdadera agonía en este maratón de Madrid. Tras los primeros metros de la típica cojera, me encuentro con Iván y Félix de Marchamalo, cojo mi medalla, me saluda Ángel (vaya pedazo primera maratón se ha pegado) y salgo del pasillo del avituallamiento, sin saber literalmente andar, quería ir para un lado, pero iba para otro, ya tenía mi meta, mi medalla y todo el dolor que había estado conteniendo durante 18kms salió a la luz, me sentaron en una zona, rompí a llorar,  nunca me había sentido así, tan vulnerable, tan insignificante, no respondía, solo lloraba del dolor, del sufrimiento, pero también después de los días, me he dado cuenta, que de la frustración de la impotencia, de no haber conseguido mi objetivo. No sé cómo, porque de toda esta parte tengo ciertas lagunas, aparecí en una camilla y de allí a una carpa llena de fisios. No sé cuánto tiempo estuve allí, pero me trataron de maravilla, pude constatar la maravillosa organización médica que tiene una prueba así.
Cuando al fin pude salir, me encontré con mi amigo Pablo, pobrecillo, me había visto como me habían metido en camilla y allí se quedo esperando inmóvil a que saliera, a saber cómo estaba. Volví a romper a llorar al decirme que me había visto como llevaban en camilla, sin saber, nada y recuerdo decirle “Ay como he sufrido, no merece la pena tanto sufrimiento, tanto sufrir para qué”. Aún me emociona pensar todo ese rato después de la carrera.
Poco a poco, nos fuimos reencontrando unos y otros, totalmente vacío, así acabó mi historia de este Maratón de Madrid.

Ahora unos días después, sigo teniendo claro que no quiero volver a pasar por lo mismo, por ese grado de sufrimiento, sin embargo mi afán de competición y de superación, me hará volverme a enfrascarme en objetivos ambiciosos como lo era este. Pero he aprendido mucho de esta carrera, ahora si, me siento orgulloso del esfuerzo que hice, que a pesar de todos los pesares, acabé y con un tiempo del que debo estar feliz.
Voy a ir Valencia en Diciembre, aún no sé con qué objetivo, pero sea cual sea, sin presiones, sin autoexigencias, porque si algo me ha enseñado el maratón es que no hay nada escrito y que en deportistas populares como lo somos nosotros, lo importante es divertirse, disfrutar, vivir y que alcanzar la meta ya es un logro y si algún día las circunstancias no me dejan acabar, por lo menos saber que lo intenté.
Gracias compañeros villanos por compartir esta historia conmigo, agradecer todas los mensajes de ánimo, a Dori, y a Angel que les preocupé mucho el domingo, pero en especial gracias a mi hermano Gaspar, sin él, estas experiencias nunca las habría vivido.

Al final. 3:16:07



3 comentarios:

Sergio Raner dijo...

Me ha emocionado Dave!, me alegro de no haberme enterado antes de la odisea vivida por ti, estas experiencias te hacen valorar lo épico e inexplicable de correr esta distancia. Me ha recordado mucho a mi carrera del año pasado en este maratón de Madrid, puro sufrimiento. Aunque más valor le dan estas experiencias para que intentos venideros vuelvan a producirse. Un abrazo Máquina!!

Miguel Ángel R. dijo...

Grande, grandísimo el relato Dave. Y muy emocionante. Enhorabuena por tu carrera y por tus conclusiones personales despues de la experiencia vivida. Y enhorabuena a tod@s los villan@s por su maratón.

Juan Carlos GP dijo...

Buena crónica Dave. Eso del ritmo cómodo y disfrutar corriendo como que los Patas no lo terminamos de comprender y sufrir en las carreras es algo habitual. Yo también espero ir a Valencia, para entonces todo se habrá olvidado.
Juancarr