Tod@s corremos. Yo corro, tú corres, el/ella corre. A veces juntos, nosotr@s corremos, vosotr@s corréis, ell@s corren. Al final se trata solo de eso. CORRER.

APUNTATE A UN TRAIL QUE SE ANDA – La vida secreta de los percherones Capitulo 55.


ULTRA TRAIL DE LOS PICOS DE EUROPA.





Crónica de El Pronador Errante.

(Os voy a pegar el ladrillazo)



Prologo


Cuando empiezas a correr, al principio de todo, antes de ser “runner”, cuando hacías “jogging”, cuando aún no eras villano y hacías tu primera carrera popular, tu primera legua, para  luego pasarte a un 10.000 y al poco te atreviste con la primera media, la gente en algún momento te empezó a preguntar ¿por qué?


Porqué me estoy haciendo mayor, me lo recomienda el médico y quiero cuidar mi salud y parece que esto de correr es fácil y barato (que ignorante). 


Por bajar unos kilos.


Porqué hice una promesa. Porqué lo recomienda el INS.


Porqué de pequeño fui una joven promesa y ya ves tú. Porqué correr me libera del día a día, por bajar mis tiempos cada vez……


Ahora, miles de kilómetros después, cientos de carreras más tarde de aquel inicio tienes quizás otra inquietud, otro cosquilleo en el corazón, otro que sé yo que te impulsa a cosas como esta aventura. Este GTPE55. Porque no vamos a negarlo, esto no es una carrera cualquiera, no es atletismo en su concepto, no es un trail de la Diputación. Es una gran aventura. 


Es curioso lo difícil que es rellenar el vacío de un reto superado.  El reto eran 55 kilómetros (58 o 60 dependiendo del GPS que lo midiese)  para un total de cerca de 4.500 metros positivos, con salida y meta en Benia de Onís. Y lo superamos, y cada cual con su sobresaliente.


Para esto, como para cualquier distancia por otra parte, hace falta entrenar, uno no se levanta una mañana y dice me voy a Asturias a un ultra. Yo ya hice algo parecido una vez en los 100 de corricolari y perdí 10 uñas de los pies…. (Todas las que tenía entonces).


Por lo que desde que el “busca líos” Isaac que llego al club en noviembre nos propuso una noche con toda la alevosía y obscuridad a Fernando y a mí el tema de ir en mayo a Picos (Allí se celebraba un ultra aunque también había carrera de 35 y 10, pero como somos tan fanfarrones pues 55), comenzó un largo transitar al que se unieron 4 incautos más para formar 7 locos que al final quedaron en seis mochuelos. Y comenzar una dura e inexplorada preparación, para que vamos a negarlo.


Desde ese punto trazamos un plan que nos llevo de enero a mayo (en mi caso para hacer 1000 kilómetros, 106 horas y 26.400 metros de desnivel positivo, contando entrenos y MAMOCU. Y sin contar lo acumulado desde septiembre con Estrozapiernas, Escorial, Calamochos, Moraltrail, Pedrezuela y Torote , en el caso de mis compis más o menos).


Madrugones imposibles, salidas nocturnas con frontal, horas de lluvia y frio, los tirones de José (yo) que no sabe correr, campos embarrados, risas, pinchos de tortilla, el GPS de Javi, rondos en zona 6 que no servían para nada salvo por hacer el postureo de que aún sabemos lo que es correr “de verdad”, Santos, Chiloeches, Mondalindo, los selfies de Mata, Patones, Cabrera, Valdeavero, caídas, Parque Álcala, volver a levantarse, las rozas de las chapuzas de Fernando, el wikiloc, las señales amarillas y blancas de Isaac….y un largo etc. En los cuales nos han acompañado en ocasiones otros locos del club y que sin duda han aportado saber estar y compañía a nuestra historia. Miguel, Carlos, Erika, Sergio y alguno más que se me olvida y seguro se vino al monte con nosotros para recolectar setas y metros de desnivel a mansalva. GRACIAS COMPAÑEROS.



Y esto además, seguramente una parte muy importante, gracias a la comprensión y apoyo recibido por cada uno de los seis de puertas para adentro. LA FAMILIA. En mi caso concreto agradecer a Nati su ayuda, sin el apoyo de ella sería imposible que yo me empeñase en perseguir nubes imposibles para mis deterioradas articulaciones, de que busque en esas nubes y en el cielo la forma de complicarme la vida una y otra vez. GRACIAS NENA.



DE CAMINO







1-Intro (Benia – Ruta del Cares).

A las siete de la mañana en Benia de Onís a ritmo de los cansinos de AC/DC y su sempiterno Thunder…. Venga, va, vamos…Que no hay prisa chicos, que picos es picos que diría Javi, pero no olvidéis que somos villanos y aunque sea por puro postureo los primeros kilómetros a tope, ¿eh...
Salimos del pueblo por un camino estrecho que nos obliga ir en fila de a uno, formándose un gran embudo de corredores que van tanteando con peripecia adquirida en otras lides el suelo resbaladizo. Aún pulcros e intactos en nuestras vestimentas y nuestros corazones.



El primer avituallamiento La Berruga Km 6 llega como si nada en poco menos de una hora. Hacemos cálculos, tiro del cuadrante de ritmos y firmamos que el resto fuera así, pero sabemos que no lo será.


Mata, Isaac y su cuñado se nos han escapado de entre las manos. Vamos Javi, Fernando y yo en grupeta. Edu viene más atrás.





Seguimos subiendo, aquí las rampas son potentes pero se dejan hacer de una forma decente y progresiva, con alguna bajada perecedera en la que se puede correr pero a riesgo de una caída poco honrosa. Así hasta llegar al control de la Camba Km 11,2, parece que empieza a refrescar, por lo que nos ponemos los chubasqueros de membrana y continuamos la marcha. Javi se marcha diciendo “adiós muchachos”.


Tras una pequeña bajada en la que sufro la primera de las 248 caídas del día remontamos hacia la última subida de este tramo para completar 15 kilómetros y 1600 metros de desnivel positivo. Allá en lo alto las vistas son acojonantes, que quietud, que sosiego, ahora toca bajar durante cerca de 5 kilómetros salvando 1400 negativos. Al principio con cuidado al atravesar los neveros, sobre todo en las esquinas que estaban ya muy blandos y se abrían grandes agujeros. Y aún con más cuidado en la Canal de Culiembrus lleno de pedreras sueltas y mini bajadas escaladas. El señor de la charla técnica o breafing que diría Isaac hablo de una bajada rápida y poco técnica,  ostia p…. Aunque en este punto no nos llovió, este humilde percherón de la Alcarria llana no había bajado nunca entre tanta roca y piedra suelta en su vida, y que conste que no soy ningún pusilánime, pero la cruda realidad es la cruda realidad. Y es que dos personas pueden estar presentes en el mismo sitio y ver las cosas de forma diferente, dicen que es porque contribuimos con nuestra propia y marcada opinión. Yo creo que es cuestión de hemisferio, el de la charla era del norte, un servidor aunque con pinta de norteño es de la meseta. Fue una emboscada. En fin, que aquí ya perdí la cuenta de las ostias mías y las de Fernando, aunque él baja mejor que yo. Decir que en tramos (imitando al resto de corredores que tenían pinta de curtidos montañeros) tirábamos los bastones a diez metros para poder agarrarnos a la roca y bajar, para posteriormente recuperarlos. Se hizo interminable y menos mal que en ese instante pegaba el sol. 





Llegamos al avituallamiento de Culiembro para iniciar la ruta del Cares. Reponemos, rellenamos, lamemos heridas, nos ponemos un poco más frescos tras la sudada y enfilamos la ruta. Miramos los móviles pero estamos sin cobertura como en casi el 90 por ciento del recorrido.


El tramo que discurre por el Cares va del kilómetro 19,5 al 22 que está junto al Puente de Bolín. Donde comienza la Canal de Trea. La garganta del Cares es de una belleza difícil de describir con un adjetivo y por más que mi prosa sea promiscua no llega a definir tal paisaje, trascurre por un camino en llano, de unos 2 m de ancho, con el acantilado a tu lado. En la charla técnica nos prohibieron tajantemente  correr en este tramo de unos 2,5 k (normal pues había mogollón de gente realizando la ruta y corrían serio peligro de despeñarse si pasabas a su lado corriendo). En el paseo de 2,5 km hasta llegar al comienzo de la subida por el Canal de Trea hablo con Fernando sobre cómo va y lo que nos queda. Me dice que no lleva buenas sensaciones, pero yo lo veo bien, se dé que pasta está fabricado y no es una amalgama cualquiera, siempre tira para adelante. Hablamos de la subida que nos llega en breve, de esos 4,3 km y sus 1300 de desnivel positivo a pecho, del tirón y sin descanso. Pensamos que lo mejor es afrontarlo a lo que a cada uno nos dé, sin descanso , el caso es llegar a Vega de Ario, que allí nos veremos para continuar la marcha juntos, que es lo pactado, ya sabéis que los pactos entre percherones son inquebrantables.




2-Ulises (Ruta del Cares – Vega de Ário).
Como Ulises en la Odisea, pensábamos que en lo profundo esta el averno y en lo alto el Olimpo, y que al subir escapábamos hacia el paraíso, pero lo que hacíamos era retornar al infierno. Y es que no hay paraíso sin infierno, no existe gloria sin sufrimiento. No habrá paz para los percherones…. 
 
Los primeros 500 metros transcurren por una zona de árboles donde la pendiente aún no es intensa, de las que me gustan, subo bastante ligero. Voy detrás de una paisano que me da algo de conversación y no para de canturrear una frase  (la que da título a esta entrada) Apúntate a un trail que se anda”, no para de repetirla una y otra vez. El hombre, fornido y recio, de esos que piensas que en un 400 en la pista villana o en el rondo le quitas las pegatinas, aquí no para de hablar mientras sube y me lleva con el gancho y sin aliento a ciento y un buen pico de pulsaciones. El hombretón con tatuajes en los gemelos (es lo que voy viendo todo el rato aparte de oír su vozarrón), ha estado otros años aquí, en los 102 de ronda, en Grazalema y en mil más que no recuerdo. Yo, le digo que subo a Los santos cada sábado a veces solo y las más acompañado, para rezar en su Ermita por los santos percherones Genaro y Matías, para que el monte les libre de todo mal. 





De repente y sin aviso (aquí el clima es así, es Asturias, son los Picos de Europa) pasamos de un sol radiante a una lluvia copiosa y fría, justo cuando la cosa empieza a endurecerse de verás. 


Paro para ponerme el chubasquero (el de membrana que exige la organización) y el gigante de los tatuajes se aleja, adié. Echo un vistazo a mi espalda y veo a Fernando a unos 150 metros, aunque aquí la distancia es relativa y difícil de conjugar con la vista. Llegan rampas del 24 al 28 por ciento (esas que Edu no creía que existían), el terreno se vuelve muy resbaladizo por el agua que cae,  por lo inclinado y por las piedras sueltas. Hacia la mitad de la subida nos encontramos con la pequeña cascada de la fuente de Trea que implica una pequeña trepada a través de la roca en su parte derecha. Yo que no tengo ni idea hago lo que hacen todos. No puedo quedarme allí parado, debo seguir. Me cuelgo los bastones a la espalda y a trepar por los asideros mojados lo mejor que puedo, agarrándome a los salientes y con mucho tiento, con mucho cuidado de no caerme. Para seguir subiendo sin descanso, con pericia de no resbalar. De repente ¡Piedra va! Y caen piedras empujadas por las zapatillas de otros corredores que van delante. A duras penas las esquivo, una me da en plena espinilla, grito ¡penalti y expulsión!, pero no existe juez que lo vaya a pitar ni BAR o VAR en el que ver la repetición. Además soy del Atleti, no espero favores, aunque siempre hay que creer y mi fe es infinita.





No puedes parar, se trata de eso, de seguir, de dar un paso delante de otro.  Si miras hacia atrás el abismo te atrae y parece querer tirar de ti hacia lo más profundo. Cada uno tiene que coger su propio ritmo para no quedarse sin reservas, todavía queda mucha carrera. Más de la mitad para ser exactos.

Agradezco en este punto el entrenamiento duro que llevo en las piernas y los bastones que me ayudan enormemente en este tramo.



Por fin, llegamos a la parte superior de la canal y la pendiente empieza a rebajarse, pero el terreno se complica, empieza a nevar con mucha fuerza y los helados copos se notan clavándose como agujas en la piel.

Pregunto a un paisano apostado en una curva cuanto queda, “Na, 5 minutos para salir de la canal y  15 para el refugio”. Estoy deseando llegar. Empiezo a andar con aún más cuidado por el reguero que han dejado otros corredores en la nieve, casi patinando. Hay muchas piedras grandes y resbaladizas. Es mucha extensión de piedra y nieve. Debemos ir atentos a las pisadas y a los neveros. Es una zona donde los grupos van muy rotos y lo más normal es que tengas que abordar esta zona en solitario. Tú, tú indecoroso pronar errante, el frio y tú propio mecanismo. 


Pasan 20 minutos (como digo aquí el tiempo y como lo calculan los lugareños es relativo) y del Refugio ni flores, lo mismo se lo han fumado o estoy perdido.  Estamos a 7 bajo cero y no siento las manos, los guantes están empapados y la sensación térmica hacen el resto para ir pasando mí vía crucis. Tengo que ponerme los bastones en la espalda a riesgo de tropezar y caer, para poder mover los dedos e intentar que no se queden congelados. 


Voy siguiendo el rastro de banderines rojos, entre la helada nieve, entre el caos de mis pasos trastabillaos, de hito en hito, como un torpe saltimbanqui. Para descubrir a lo lejos, entre la niebla, su nombre: VEGA DE ARIO.

En cinco minutos más estoy llegando al refugio, me cruzo con Javi que sale de allí pero no acierto a comprender lo que dice y mis labios están tan adheridos que de mi boca no salen las palabras correctas, solo muecas incoherentes. Levanta el pulgar y le devuelvo el gesto. No me puedo acercar a el por miedo a caer por una de las simas.


En el refugio esta el cuñado de Isaac tomándose un whisky doble con unos cacahuetes. Me como un plato de macarrones y me cambio de calcetines. En las manos me pongo otro par de calcetines ya que guantes de repuesto no llevo. Intento entrar en calor entre tiritonas. Todos los presentes (una treintena de corredores) están igual o peor que yo. Allí ves todo tipo de corredores de montaña, hablan de aventuras en la Maliciosa, en Benasque, en el Mont Blanc, de un ultra en Oz o una ruta interminable por Hobbiton. Yo pienso en mi Chiloeches querido. 

Llega Fernando a los cinco minutos (con su propia cruz a las espaldas) a la vez que se va el cuñado de Isaac que ha terminado con todas las existencias del refugio (: Un crack el tío, y de Yunquera). Oigo en las conversaciones las muchas ganas de retirarse de algunos. Pero allí no pueden, para ello deben seguir hasta Lagos a 10 km

Hay que seguir Fernando, hay que salir de aquí cuanto antes, tenemos que huir de la quema del desasosiego del resto (le digo a Fernando con la vista, no nos hace falta hablar para saber que pensamos cada uno, nos hemos visto en muchas parecidas, que no iguales, eso es imposible). 


Mientras salimos de allí como alma que lleva el diablo tras de mi oigo de nuevo el vozarrón “Apúntate a un Trail que se anda”, como un mantra lo aúlla el señor de los tatuajes en los gemelos. Se me mete en la cabeza como la canción del verano……si…


Despacito

Vámonos de aquí Fernandito andando y despacito

Que esto no es una playa de Puerto Rico

A ver si en Lagos esta el solecito, y entramos en calorcito

Pasito a pasito, suave suavecito……zas



3-Pizzicato -con la punta de los dedos (Vega de Ario – Buferrera)

Poco a poco según bajamos desnivel y nos vamos acercando a los lagos, el frio, la nieve y la lluvia se diluyen para dar paso a un sol que nos da la vida, de repente vuelve la cobertura y saltan tropecientos whass, pero no puedo pararme ahora a mirarlos. Se supone que lo más difícil está hecho y que “solo” nos quedan 25 km con unos 1000 de desnivel positivo y  2200 de desnivel negativo, lo que es lo mismo es la parte con más bajada. Pero llegaron entonces las zonas peligrosas y embarradas que nos hacían tener continuos resbalones.





Por lo que de nuevo la relación kilometro tiempo se hacía eterno.

Cruzamos los Lagos por una de sus orillas de piedra en piedra con cuidado de no caer al agua y comenzamos la subida a La Porra de Enol, que aunque ligera a comparación de las anteriores se agarra y de qué manera a los ya machacados cuádriceps, el cielo vuelve a cubrirse y empieza a soplar un aire gélido. Sin aviso nos cae la mundial de agua y de granizo. Bajamos por una pequeña carretera y llegamos al control de Buferrera donde nos piden que enseñemos la manta térmica y el móvil. 



Epilogo ( Buferrera - Benia de Onís)

Salimos del control y pasamos por uno de los puntos más llamativos de la carrera, El Escaleru que nos lleva a la Vega Comeya. De nuevo un breve ascenso y comenzamos el descenso camino del avituallamiento de EntrePeñas (Km 44). Esta bajada de unos 5 kilómetros con terreno seco es para ir por debajo de cinco minutos el kilometro sin problemas pero el barrizal que se nos presento hacia que nos hundiésemos hasta el punto de que en algún tramo se quedaban las zapatillas enfangadas y tenias que volver a por ellas. No se podía ni intentar correr salvo riesgo de terminar lesionado y no era esa la cuestión, sino llegar meta.



Los percherones seguíamos sin tener esa paz buscada y ansiada, y no le podíamos dar un poco de vida al crono. Pero somos tercos, tozudos y obstinaos. Por lo que nada nos iba a mermar el ansia de seguir.


Cuando quedan poco más de de 8 kilómetros (eso calculamos, ya que hemos perdido un poco la noción espacio tiempo y la batería del GPS) nos encontramos con un sendero por el que por fin ¡se puede correr! Esbozo una sonrisa y le doy a la zapatilla, como un kamikaze a todo lo que me daba el cuerpo (6:30 a 7:00 el km.). Miro el móvil y por la hora calculo que de seguir el camino así estamos por debajo de las 14 horas en meta.



El caso es que trotaba feliz, pero sentía el cosquilleo del  miedo ¿Cómo iba a pagar la factura?, los percherones siempre la pagamos….efectivamente, de repente nos encontramos en pleno bosque camino de Demues un descenso imposible de 100 metros, allí están varados media docena de corredores buscando la forma de afrontarlo. Decir que en estos 100 metros empleamos cerca de 30 minutos es decirlo todo, no había manera de bajar sin lastimarse o algo peor. Tuvimos que sentarnos en el suelo y bajar como si nos tirásemos por un tobogán pero sin quitamiedos, lo que implicaba una peligrosidad extrema pero de humor amarillo. 


Llegamos abajo llenos de barro hasta las cejas (por no nombrar las partes íntimas) y con la dignidad de corredor perdida. Y de nuevo a subir a Demues, el ultimo avituallamiento a 5 km. de meta.


Allí ya solo queda coca-cola. Los dos paisanos nos dicen “solo os queda un cuestucu y ya bajada a meta”. Lo que los astures llaman cuestuco para el resto de mortales es un repecho de la ostia. El “cuestucu” era como una subida de esas de Chiloeches, de las que hacen daño. Y ya para abajo a Benia de Onis.


Pasamos por Bobia donde tenemos alquilada la casa rural .El camino está lleno de barro, casi sin darnos cuenta nos encontramos  ya en Benia y oigo los rugidos de la gente de meta, grito ¡MAS MADERA, MAS MADERA!  Y LLEGAMOS FERNANDO Y YO. Los penúltimos de la fila como percherones amarrados a las puertas de las pistas.

DOS PERCHERONES Y UN DESTINO

 



Nos congratulamos,  abrazamos a nuestras mujeres. Nos sentimos felices.


Lo cierto es que me siento muy contento de haber terminado esta aventura, y con ganas de una próxima. A sido sin duda la carrera más extrema a la que me enfrentado jamás y llevo unas pocas.

ESTE ES EL P... AMO

MATA UN REVIENTA CAMINOS

JAVI LIGERO COMO EL VIENTO

EDU TERCERO DE SU CATEGORÍA




Decir a mis cinco compañeros que si bien ya los admiraba antes, ahora os tengo a tope de gama, tenéis MUCHO MERITO tanto deportivo como personal. Eso no quita que me siga metiendo con vosotros en los entrenos, es lo que tiene. GRACIAS COMPAÑEROS.



GRACIAS NATI por tú apoyo en los momentos difíciles de entrenamiento. Fue duro, pero precioso. Lo repetiría otra vez.



Gracias a todos los compañeros del club que estuvieron pendientes de la gesta dando ánimos y en parte sufriendo con nosotros.

Hay momentos en la vida de los que siempre te acuerdas, que se graban en tu mente de una forma especial y que nunca olvidaras. Sin duda este fin de semana en Asturias es uno de ellos.

Gracias a la organización por lo bien señalizado del circuito (me parecio increible), y a los voluntarios de los avituallamientos, siempre con una sonrisa pese a la que estaba cayendo.


Luego en la casa rural hubo chuletón, las setas recogidas y fabada. Vino, zumo de seta y sidra. Amigos y anécdotas para contar.




 PALABRA DE PRONADOR…ERRANTE

NombrePuestoCatPos/CatCambaVega ArioBuferraTiempo Total
Isaac Pinto 141SenM631:52:386:04:467:22:0910:58:21
José Manuel Mata Lairado173VetAM781:50:416:21:377:56:2211:31:32
Javier Toribio Villaverde249VetAM1121:58:098:51:0513:26:57
Fernando Úbeda Bravo290VetBM251:59:087:29:269:28:2414:32:32
José Fernández Valencia291VetBM261:58:507:24:339:28:2514:32:32
Eduardo Lozano Valverde313EspM32:20:2110:25:2015:29:25

6 comentarios:

Javier nuñez garcia dijo...

Me alegro de que acabarais bien todos, ya os dije que os metisteis en un berenjenal jiji

Edu dijo...

Arcilla movediza ,,, Javi

Isaac Pinto dijo...

Que gran aventura, que gran crónica, que gran club y que grandes sois compañeros!!!!! Ha sido una experiencia que no olvidaré nunca. Gracias Jose por tus palabras eres la leche!!!!
El “Buscalios” atacará de nuevo jejejeje

Merce dijo...

Jaja
Los percherones que se encontraron con un tal buscalios,Y se convirtieron en seteros.

Es admirable lo que habéis echo chicos.

Gran cronica Jose,no falta detalle más o menos nos podemos hacer una idea de lo que alli paso.

A Estos villanos no se les resiste naaaaa!!!!

Miguel Ángel R. dijo...

Simplemente maravilloso Jose. Me queda claro que se trata de una crónica, aunque también pudiera ser un documental o un reportaje; pero lo que me queda clarísimo es que no es acerca de una carrera, más bien es de una hazaña, o una andanza, o una peripecia, o un viaje, o una epopeya, o una gesta, o una heroicidad, o una odisea, o una peregrinación, o una proeza, o un poco de todo.

ENORMES los seis. Os admiro profundamente.

Yo no solo entreno con vosotros, sobre todo aprendo de vosotros.

Carlos dijo...

Felicidades Jose y el resto de seteros. Muy bien reflejada la aventura que me perdí... la próxima espero que no. Ya sabes que tenéis toda mi admiración. Nos vemos!