Tod@s corremos. Yo corro, tú corres, el/ella corre. A veces juntos, nosotr@s corremos, vosotr@s corréis, ell@s corren. Al final se trata solo de eso. CORRER.

Triatlón de Guadalajara: Campeonato de España de Media Distancia

Crónica de Dave




Cuando se dio a conocer que el campeonato de España de media distancia de triatlón se disputaba en Guadalajara, lo tuve claro, yo tenía que estar ahí. Pero disputarlo no era fácil, al ser Mayo necesitaría comprarme traje de neopreno y además obligaban a estar federado para poder inscribirse, en fin, entre unas cosas y otras, tendría que dejarme un riñón para poder correr, este campeonato de España, en mi ciudad.

Además la prueba sería solo un mes después del maratón de Madrid y tuve dudas de cómo podría estar en esas fechas, pero como siempre, nos liamos la manta a la cabeza y nos aventuramos a estos retos, pensando que uno puede con todo.

El maratón me dejó muy tocado físicamente, cualquier intento por correr desde entonces me producía dolor y me dejaba cojo, cuando me quedaba frio, por lo que en este mes entre una prueba y otra, me dediqué principalmente a nadar y a hacer bici, corriendo solo en las carreras que ya estaba apuntado y a veces ni siquiera eso.

En esta situación, sumado a otras problemas personales que he vivido en las últimas semanas, me hicieron presentarme a la prueba con muchas dudas, pensando incluso, si era prudente disputar una prueba tan exigente, en las condiciones que estaba, pero intente olvidarme de todo y simplemente disfrutar de esta experiencia, porque un campeonato de España, en tu ciudad, quizás nunca más lo volviera a vivir.

Llegué bastante temprano a Guadalajara, aparqué mi coche cerca de la zona donde se disputaría el segmento de carrera y cogi mi dorsal. Todo esto del triatlón es siempre un poco complicado, tienes que ir dejando cosas en diferentes sitios, sin olvidarte de nada, porque ya no volverás allí hasta el momento de la competición, menos mal que siempre tengo a Edu al lado, en estas cosas, y se convierte más que un compañero en un ángel de la guardia, que te ayuda, te recuerda, te recomienda. 




De Guada, me fui con mi hermano a Pareja, dejé la bici, las zapatillas de bici en el box, hice el último repaso que no se me olvidaba nada y ya solo disponía de la ropa de cambio y lo que necesitaba para nadar, el mono, el neopreno, las gafas, el gorro,… si parecía que lo llevaba todo, y que había dejado cada cosa en su sitio.

Como la natación empezaba a las 14h, comimos sobre las 12:30, estaba nervioso, con ese cosquilleo interior de las grandes citas. Y entre fotos, risas, comentarios, nervios, la visita de Romo, palabras con unos, despedidas, reencuentros, más nervios, llegó el momento de la salida.

Dejé que se fueran yendo los ansiosos de mi grupo de salida, los atletas de grupos de edad entre 20 y 34 años, antes habían salido la elite tanto masculina como femenina y el grupo de paratriatlón. A Edu, todavía le quedaría unos minutos para salir. 


En el agua, nunca sabes si el ritmo es el adecuado o no, pero me sentí cómodo, sin embargo entre la primera y la segunda bolla, me doy cuenta que me estoy desviando demasiado de la estela del resto de nadadores y  en lo que rectifico ya me estaban alcanzando los primeros de la siguiente tanda que había salido 4 minutos más tarde y no mucho después me comienzan a pasar algún gorro que había salido aún después, por un momento pienso, madre mia, pues si que voy nadando lento…cuando salgo del agua y miró el reloj, me llevo una gran alegría al salir en 39 minutos, 5 menos que el año pasado. Me quitó el neopreno sin demasiadas complicaciones, me secó, me pongo las calas de la bici y empiezo el segundo tramo de mi aventura.

El segmento de bici es muy exigentes, con 90km y más de 1000 metros de subida, en 4 repechos repartidos, siendo el más exigente el primero de Budia, pero siendo los más duros los dos últimos antes y después de Lupiana, al llegar muy juntos entre ellos y en la parte final del recorrido.

La verdad es que disfruté muchísimo con la bici,  había tanta gente compitiendo, tanta gente animando en los pueblos o en los cruces de las carreteras, realmente fue una experiencia fabulosa. Además según pasaban los kilómetros, seguía llevando una media cercana a los 30km/h por lo que eso me reforzaba anímicamente. 


Cuando llegué a Guadalajara, temía que mi familia no estuviera aun esperándome, porque iba a llegar mucho antes de lo previsto, pero cuando les veo a lo lejos, se me pone la piel de gallina, estaba feliz, mucho y me iba a poner a correr con una renta de unos 25 minutos sobre mi marca del año anterior.

Y entonces empieza la carrera, este debería ser mi segmento, pero era consciente que no lo había entrenado y que podría pasar factura. Como ya dije el año pasado, cuando empiezas a correr y tienes 21km por delante, llegas más agotado que en la media maratón de un maratón, sin tanto desgaste articular, pero si más cansado, por lo que nunca sabes lo que te puedes encontrar, además el recorrido no iba a ser fácil, 4 vueltas en la que apenas se llaneaba, es Guadalajara ya sabemos lo que hay.

Los primeros metros, tienes esa típica sensación de correr como un pato y en la primera subidita me doy cuenta que esto se me va a hacer muy largo, porque tengo las piernas totalmente acolchadas y bastante cargado en general, sinceramente pensaba que en nada que me fuera acostumbrando a la carrera me iría encontrando algo mejor, pero no fue así y tras llegar al “Infantado” girar y comenzar a subir por toda la calle mayor, tengo que parar e ir unos metros andando, ritual que se repetiría cada una de las cuatro vueltas y así se fueron sumando más trozos del recorrido de ir andando, siempre en subida, porque algo dentro de mí, no me dejaba exigirme lo más mínimo, no sé si por miedo a sentir dolor y revivir lo que había pasado en el maratón o simplemente por agotamiento.

El caso, que una vez que asimilé que no “sabía” correr más rápido, comencé a disfrutar del ambiente que había en Guadalajara, realmente increíble, solo he sentido estar tan arropado así, en la Behobia, no solo estaba mi familia repartida por distintos puntos, también mis compañeros de club Ángel y Miguel, amigos, conocidos de otros clubes y un sinfín de gente que te va conociendo de las carreras y que me animaban de una manera extraordinaria incluso por mi nombre. La verdad es que guardo un recuerdo magnifico de la parte de carrera, aunque mi actuación no fuera la mejor.

En un par de vueltas me crucé con Edu, que tío más grande, hace un mes había hecho el maratón de Madrid como yo y entre medias se había cascado la gran aventura de los Picos de Europa con sus 55km y todas adversidades que tuvieron, y allí estaba como siempre. Sin palabras.




Esta media maratón del triatlón de Guadalajara, ha sido la más lenta que he hecho en mi vida, más incluso de antes llegar a este club. Sin embargo, es de la que más orgulloso estuve al cruzar la meta, alzando los brazos con lágrimas en los ojos. Feliz, por llegar a la meta, en mi ciudad, con mi gente, en un campeonato de España.
Puesto Cª Nombre NATACIONBICICORRERNETO
68David Garcia Serrano 0:39:383:07:012:11:396:05:49
7Eduardo Lozano Valverde 0:41:143:24:142:13:456:27:55

Gran Trail Picos de Europa


Reflexiones del señor Mata.

Por José Mata Lairado




Después de dos semanas pensando y meditando sobre el trail, tengo que decir para una persona como yo, que lleva un año apuntado al club, que lleva relativamente dos años corriendo aunque si montando en bici y que nunca en mi vida había corrido distancias tan largas, que se metió en esta aventura por que unos amigos de salidas nos apasiona esto de correr, andar, disfrutar y que no se nos puede decir que no hay cojones en apuntarse, que empezamos a preparar esto casi desde comienzos de año, que nos levantamos cuando todavía el sol no se ha puesto y que inviertes tiempo de tus familias y sacrificio, que ayudas a tus compañeros y te ayudan si hace falta, que recorres sitios y lugares donde encontrar el mayor desnivel y las mejores vistas, que te guías del reloj de uno, del wikiloc de otro y de la intuición de otros, que echas de menos a compañeros que en un principio iban a venir.
 
PATONES

LA CABRERA

MAMOCU

LOS SANTOS PERCHERONES




Pero que al final no pudo ser y que hicimos esas carreras juntos y compartimos momentos, cafés, cervezas, pinchos y anécdotas para hacer una carrera de 55km por un lugar y un paisaje que no encuentras palabras para describirlo, que su belleza y dureza te llena y te embauca, que empiezas con ilusión y prudencia, siguiendo a un grupo de gente, con los amigos que empiezan a tirar, que los dejas y pasas y te vuelven a coger y que no sabes como vas a terminar y a veces dudas de que puedas pero lo consigues, que encuentras gente de otros lugares y entablas una amistad por un momento del recorrido, bajadas medio imposibles y subidas tremendas, esos lugares....



Yo que decía al poco de terminar, ya no me veis en una más de estas, como mucho en una media maratón, pues después de dos semanas de reflexión tengo que decir, que mañana mismo volvería a hacerla, pero sin dudar ni un momento, precisamente por todo lo contado y por esa dureza de una carrera medio imposible.


PD. Dar las gracias a mi mujer, por seguirme en esto y ayudarme, por aguantar mis historias y rollos y quitarle momentos a ella y a la familia. Y a Edu por esa cena que nos preparo.


APUNTATE A UN TRAIL QUE SE ANDA – La vida secreta de los percherones Capitulo 55.


ULTRA TRAIL DE LOS PICOS DE EUROPA.





Crónica de El Pronador Errante.

(Os voy a pegar el ladrillazo)



Prologo


Cuando empiezas a correr, al principio de todo, antes de ser “runner”, cuando hacías “jogging”, cuando aún no eras villano y hacías tu primera carrera popular, tu primera legua, para  luego pasarte a un 10.000 y al poco te atreviste con la primera media, la gente en algún momento te empezó a preguntar ¿por qué?


Porqué me estoy haciendo mayor, me lo recomienda el médico y quiero cuidar mi salud y parece que esto de correr es fácil y barato (que ignorante). 


Por bajar unos kilos.


Porqué hice una promesa. Porqué lo recomienda el INS.


Porqué de pequeño fui una joven promesa y ya ves tú. Porqué correr me libera del día a día, por bajar mis tiempos cada vez……


Ahora, miles de kilómetros después, cientos de carreras más tarde de aquel inicio tienes quizás otra inquietud, otro cosquilleo en el corazón, otro que sé yo que te impulsa a cosas como esta aventura. Este GTPE55. Porque no vamos a negarlo, esto no es una carrera cualquiera, no es atletismo en su concepto, no es un trail de la Diputación. Es una gran aventura. 


Es curioso lo difícil que es rellenar el vacío de un reto superado.  El reto eran 55 kilómetros (58 o 60 dependiendo del GPS que lo midiese)  para un total de cerca de 4.500 metros positivos, con salida y meta en Benia de Onís. Y lo superamos, y cada cual con su sobresaliente.


Para esto, como para cualquier distancia por otra parte, hace falta entrenar, uno no se levanta una mañana y dice me voy a Asturias a un ultra. Yo ya hice algo parecido una vez en los 100 de corricolari y perdí 10 uñas de los pies…. (Todas las que tenía entonces).


Por lo que desde que el “busca líos” Isaac que llego al club en noviembre nos propuso una noche con toda la alevosía y obscuridad a Fernando y a mí el tema de ir en mayo a Picos (Allí se celebraba un ultra aunque también había carrera de 35 y 10, pero como somos tan fanfarrones pues 55), comenzó un largo transitar al que se unieron 4 incautos más para formar 7 locos que al final quedaron en seis mochuelos. Y comenzar una dura e inexplorada preparación, para que vamos a negarlo.


Desde ese punto trazamos un plan que nos llevo de enero a mayo (en mi caso para hacer 1000 kilómetros, 106 horas y 26.400 metros de desnivel positivo, contando entrenos y MAMOCU. Y sin contar lo acumulado desde septiembre con Estrozapiernas, Escorial, Calamochos, Moraltrail, Pedrezuela y Torote , en el caso de mis compis más o menos).


Madrugones imposibles, salidas nocturnas con frontal, horas de lluvia y frio, los tirones de José (yo) que no sabe correr, campos embarrados, risas, pinchos de tortilla, el GPS de Javi, rondos en zona 6 que no servían para nada salvo por hacer el postureo de que aún sabemos lo que es correr “de verdad”, Santos, Chiloeches, Mondalindo, los selfies de Mata, Patones, Cabrera, Valdeavero, caídas, Parque Álcala, volver a levantarse, las rozas de las chapuzas de Fernando, el wikiloc, las señales amarillas y blancas de Isaac….y un largo etc. En los cuales nos han acompañado en ocasiones otros locos del club y que sin duda han aportado saber estar y compañía a nuestra historia. Miguel, Carlos, Erika, Sergio y alguno más que se me olvida y seguro se vino al monte con nosotros para recolectar setas y metros de desnivel a mansalva. GRACIAS COMPAÑEROS.



Y esto además, seguramente una parte muy importante, gracias a la comprensión y apoyo recibido por cada uno de los seis de puertas para adentro. LA FAMILIA. En mi caso concreto agradecer a Nati su ayuda, sin el apoyo de ella sería imposible que yo me empeñase en perseguir nubes imposibles para mis deterioradas articulaciones, de que busque en esas nubes y en el cielo la forma de complicarme la vida una y otra vez. GRACIAS NENA.



DE CAMINO







1-Intro (Benia – Ruta del Cares).

A las siete de la mañana en Benia de Onís a ritmo de los cansinos de AC/DC y su sempiterno Thunder…. Venga, va, vamos…Que no hay prisa chicos, que picos es picos que diría Javi, pero no olvidéis que somos villanos y aunque sea por puro postureo los primeros kilómetros a tope, ¿eh...
Salimos del pueblo por un camino estrecho que nos obliga ir en fila de a uno, formándose un gran embudo de corredores que van tanteando con peripecia adquirida en otras lides el suelo resbaladizo. Aún pulcros e intactos en nuestras vestimentas y nuestros corazones.



El primer avituallamiento La Berruga Km 6 llega como si nada en poco menos de una hora. Hacemos cálculos, tiro del cuadrante de ritmos y firmamos que el resto fuera así, pero sabemos que no lo será.


Mata, Isaac y su cuñado se nos han escapado de entre las manos. Vamos Javi, Fernando y yo en grupeta. Edu viene más atrás.





Seguimos subiendo, aquí las rampas son potentes pero se dejan hacer de una forma decente y progresiva, con alguna bajada perecedera en la que se puede correr pero a riesgo de una caída poco honrosa. Así hasta llegar al control de la Camba Km 11,2, parece que empieza a refrescar, por lo que nos ponemos los chubasqueros de membrana y continuamos la marcha. Javi se marcha diciendo “adiós muchachos”.


Tras una pequeña bajada en la que sufro la primera de las 248 caídas del día remontamos hacia la última subida de este tramo para completar 15 kilómetros y 1600 metros de desnivel positivo. Allá en lo alto las vistas son acojonantes, que quietud, que sosiego, ahora toca bajar durante cerca de 5 kilómetros salvando 1400 negativos. Al principio con cuidado al atravesar los neveros, sobre todo en las esquinas que estaban ya muy blandos y se abrían grandes agujeros. Y aún con más cuidado en la Canal de Culiembrus lleno de pedreras sueltas y mini bajadas escaladas. El señor de la charla técnica o breafing que diría Isaac hablo de una bajada rápida y poco técnica,  ostia p…. Aunque en este punto no nos llovió, este humilde percherón de la Alcarria llana no había bajado nunca entre tanta roca y piedra suelta en su vida, y que conste que no soy ningún pusilánime, pero la cruda realidad es la cruda realidad. Y es que dos personas pueden estar presentes en el mismo sitio y ver las cosas de forma diferente, dicen que es porque contribuimos con nuestra propia y marcada opinión. Yo creo que es cuestión de hemisferio, el de la charla era del norte, un servidor aunque con pinta de norteño es de la meseta. Fue una emboscada. En fin, que aquí ya perdí la cuenta de las ostias mías y las de Fernando, aunque él baja mejor que yo. Decir que en tramos (imitando al resto de corredores que tenían pinta de curtidos montañeros) tirábamos los bastones a diez metros para poder agarrarnos a la roca y bajar, para posteriormente recuperarlos. Se hizo interminable y menos mal que en ese instante pegaba el sol. 





Llegamos al avituallamiento de Culiembro para iniciar la ruta del Cares. Reponemos, rellenamos, lamemos heridas, nos ponemos un poco más frescos tras la sudada y enfilamos la ruta. Miramos los móviles pero estamos sin cobertura como en casi el 90 por ciento del recorrido.


El tramo que discurre por el Cares va del kilómetro 19,5 al 22 que está junto al Puente de Bolín. Donde comienza la Canal de Trea. La garganta del Cares es de una belleza difícil de describir con un adjetivo y por más que mi prosa sea promiscua no llega a definir tal paisaje, trascurre por un camino en llano, de unos 2 m de ancho, con el acantilado a tu lado. En la charla técnica nos prohibieron tajantemente  correr en este tramo de unos 2,5 k (normal pues había mogollón de gente realizando la ruta y corrían serio peligro de despeñarse si pasabas a su lado corriendo). En el paseo de 2,5 km hasta llegar al comienzo de la subida por el Canal de Trea hablo con Fernando sobre cómo va y lo que nos queda. Me dice que no lleva buenas sensaciones, pero yo lo veo bien, se dé que pasta está fabricado y no es una amalgama cualquiera, siempre tira para adelante. Hablamos de la subida que nos llega en breve, de esos 4,3 km y sus 1300 de desnivel positivo a pecho, del tirón y sin descanso. Pensamos que lo mejor es afrontarlo a lo que a cada uno nos dé, sin descanso , el caso es llegar a Vega de Ario, que allí nos veremos para continuar la marcha juntos, que es lo pactado, ya sabéis que los pactos entre percherones son inquebrantables.




2-Ulises (Ruta del Cares – Vega de Ário).
Como Ulises en la Odisea, pensábamos que en lo profundo esta el averno y en lo alto el Olimpo, y que al subir escapábamos hacia el paraíso, pero lo que hacíamos era retornar al infierno. Y es que no hay paraíso sin infierno, no existe gloria sin sufrimiento. No habrá paz para los percherones…. 
 
Los primeros 500 metros transcurren por una zona de árboles donde la pendiente aún no es intensa, de las que me gustan, subo bastante ligero. Voy detrás de una paisano que me da algo de conversación y no para de canturrear una frase  (la que da título a esta entrada) Apúntate a un trail que se anda”, no para de repetirla una y otra vez. El hombre, fornido y recio, de esos que piensas que en un 400 en la pista villana o en el rondo le quitas las pegatinas, aquí no para de hablar mientras sube y me lleva con el gancho y sin aliento a ciento y un buen pico de pulsaciones. El hombretón con tatuajes en los gemelos (es lo que voy viendo todo el rato aparte de oír su vozarrón), ha estado otros años aquí, en los 102 de ronda, en Grazalema y en mil más que no recuerdo. Yo, le digo que subo a Los santos cada sábado a veces solo y las más acompañado, para rezar en su Ermita por los santos percherones Genaro y Matías, para que el monte les libre de todo mal. 





De repente y sin aviso (aquí el clima es así, es Asturias, son los Picos de Europa) pasamos de un sol radiante a una lluvia copiosa y fría, justo cuando la cosa empieza a endurecerse de verás. 


Paro para ponerme el chubasquero (el de membrana que exige la organización) y el gigante de los tatuajes se aleja, adié. Echo un vistazo a mi espalda y veo a Fernando a unos 150 metros, aunque aquí la distancia es relativa y difícil de conjugar con la vista. Llegan rampas del 24 al 28 por ciento (esas que Edu no creía que existían), el terreno se vuelve muy resbaladizo por el agua que cae,  por lo inclinado y por las piedras sueltas. Hacia la mitad de la subida nos encontramos con la pequeña cascada de la fuente de Trea que implica una pequeña trepada a través de la roca en su parte derecha. Yo que no tengo ni idea hago lo que hacen todos. No puedo quedarme allí parado, debo seguir. Me cuelgo los bastones a la espalda y a trepar por los asideros mojados lo mejor que puedo, agarrándome a los salientes y con mucho tiento, con mucho cuidado de no caerme. Para seguir subiendo sin descanso, con pericia de no resbalar. De repente ¡Piedra va! Y caen piedras empujadas por las zapatillas de otros corredores que van delante. A duras penas las esquivo, una me da en plena espinilla, grito ¡penalti y expulsión!, pero no existe juez que lo vaya a pitar ni BAR o VAR en el que ver la repetición. Además soy del Atleti, no espero favores, aunque siempre hay que creer y mi fe es infinita.





No puedes parar, se trata de eso, de seguir, de dar un paso delante de otro.  Si miras hacia atrás el abismo te atrae y parece querer tirar de ti hacia lo más profundo. Cada uno tiene que coger su propio ritmo para no quedarse sin reservas, todavía queda mucha carrera. Más de la mitad para ser exactos.

Agradezco en este punto el entrenamiento duro que llevo en las piernas y los bastones que me ayudan enormemente en este tramo.



Por fin, llegamos a la parte superior de la canal y la pendiente empieza a rebajarse, pero el terreno se complica, empieza a nevar con mucha fuerza y los helados copos se notan clavándose como agujas en la piel.

Pregunto a un paisano apostado en una curva cuanto queda, “Na, 5 minutos para salir de la canal y  15 para el refugio”. Estoy deseando llegar. Empiezo a andar con aún más cuidado por el reguero que han dejado otros corredores en la nieve, casi patinando. Hay muchas piedras grandes y resbaladizas. Es mucha extensión de piedra y nieve. Debemos ir atentos a las pisadas y a los neveros. Es una zona donde los grupos van muy rotos y lo más normal es que tengas que abordar esta zona en solitario. Tú, tú indecoroso pronar errante, el frio y tú propio mecanismo. 


Pasan 20 minutos (como digo aquí el tiempo y como lo calculan los lugareños es relativo) y del Refugio ni flores, lo mismo se lo han fumado o estoy perdido.  Estamos a 7 bajo cero y no siento las manos, los guantes están empapados y la sensación térmica hacen el resto para ir pasando mí vía crucis. Tengo que ponerme los bastones en la espalda a riesgo de tropezar y caer, para poder mover los dedos e intentar que no se queden congelados. 


Voy siguiendo el rastro de banderines rojos, entre la helada nieve, entre el caos de mis pasos trastabillaos, de hito en hito, como un torpe saltimbanqui. Para descubrir a lo lejos, entre la niebla, su nombre: VEGA DE ARIO.

En cinco minutos más estoy llegando al refugio, me cruzo con Javi que sale de allí pero no acierto a comprender lo que dice y mis labios están tan adheridos que de mi boca no salen las palabras correctas, solo muecas incoherentes. Levanta el pulgar y le devuelvo el gesto. No me puedo acercar a el por miedo a caer por una de las simas.


En el refugio esta el cuñado de Isaac tomándose un whisky doble con unos cacahuetes. Me como un plato de macarrones y me cambio de calcetines. En las manos me pongo otro par de calcetines ya que guantes de repuesto no llevo. Intento entrar en calor entre tiritonas. Todos los presentes (una treintena de corredores) están igual o peor que yo. Allí ves todo tipo de corredores de montaña, hablan de aventuras en la Maliciosa, en Benasque, en el Mont Blanc, de un ultra en Oz o una ruta interminable por Hobbiton. Yo pienso en mi Chiloeches querido. 

Llega Fernando a los cinco minutos (con su propia cruz a las espaldas) a la vez que se va el cuñado de Isaac que ha terminado con todas las existencias del refugio (: Un crack el tío, y de Yunquera). Oigo en las conversaciones las muchas ganas de retirarse de algunos. Pero allí no pueden, para ello deben seguir hasta Lagos a 10 km

Hay que seguir Fernando, hay que salir de aquí cuanto antes, tenemos que huir de la quema del desasosiego del resto (le digo a Fernando con la vista, no nos hace falta hablar para saber que pensamos cada uno, nos hemos visto en muchas parecidas, que no iguales, eso es imposible). 


Mientras salimos de allí como alma que lleva el diablo tras de mi oigo de nuevo el vozarrón “Apúntate a un Trail que se anda”, como un mantra lo aúlla el señor de los tatuajes en los gemelos. Se me mete en la cabeza como la canción del verano……si…


Despacito

Vámonos de aquí Fernandito andando y despacito

Que esto no es una playa de Puerto Rico

A ver si en Lagos esta el solecito, y entramos en calorcito

Pasito a pasito, suave suavecito……zas



3-Pizzicato -con la punta de los dedos (Vega de Ario – Buferrera)

Poco a poco según bajamos desnivel y nos vamos acercando a los lagos, el frio, la nieve y la lluvia se diluyen para dar paso a un sol que nos da la vida, de repente vuelve la cobertura y saltan tropecientos whass, pero no puedo pararme ahora a mirarlos. Se supone que lo más difícil está hecho y que “solo” nos quedan 25 km con unos 1000 de desnivel positivo y  2200 de desnivel negativo, lo que es lo mismo es la parte con más bajada. Pero llegaron entonces las zonas peligrosas y embarradas que nos hacían tener continuos resbalones.





Por lo que de nuevo la relación kilometro tiempo se hacía eterno.

Cruzamos los Lagos por una de sus orillas de piedra en piedra con cuidado de no caer al agua y comenzamos la subida a La Porra de Enol, que aunque ligera a comparación de las anteriores se agarra y de qué manera a los ya machacados cuádriceps, el cielo vuelve a cubrirse y empieza a soplar un aire gélido. Sin aviso nos cae la mundial de agua y de granizo. Bajamos por una pequeña carretera y llegamos al control de Buferrera donde nos piden que enseñemos la manta térmica y el móvil. 



Epilogo ( Buferrera - Benia de Onís)

Salimos del control y pasamos por uno de los puntos más llamativos de la carrera, El Escaleru que nos lleva a la Vega Comeya. De nuevo un breve ascenso y comenzamos el descenso camino del avituallamiento de EntrePeñas (Km 44). Esta bajada de unos 5 kilómetros con terreno seco es para ir por debajo de cinco minutos el kilometro sin problemas pero el barrizal que se nos presento hacia que nos hundiésemos hasta el punto de que en algún tramo se quedaban las zapatillas enfangadas y tenias que volver a por ellas. No se podía ni intentar correr salvo riesgo de terminar lesionado y no era esa la cuestión, sino llegar meta.



Los percherones seguíamos sin tener esa paz buscada y ansiada, y no le podíamos dar un poco de vida al crono. Pero somos tercos, tozudos y obstinaos. Por lo que nada nos iba a mermar el ansia de seguir.


Cuando quedan poco más de de 8 kilómetros (eso calculamos, ya que hemos perdido un poco la noción espacio tiempo y la batería del GPS) nos encontramos con un sendero por el que por fin ¡se puede correr! Esbozo una sonrisa y le doy a la zapatilla, como un kamikaze a todo lo que me daba el cuerpo (6:30 a 7:00 el km.). Miro el móvil y por la hora calculo que de seguir el camino así estamos por debajo de las 14 horas en meta.



El caso es que trotaba feliz, pero sentía el cosquilleo del  miedo ¿Cómo iba a pagar la factura?, los percherones siempre la pagamos….efectivamente, de repente nos encontramos en pleno bosque camino de Demues un descenso imposible de 100 metros, allí están varados media docena de corredores buscando la forma de afrontarlo. Decir que en estos 100 metros empleamos cerca de 30 minutos es decirlo todo, no había manera de bajar sin lastimarse o algo peor. Tuvimos que sentarnos en el suelo y bajar como si nos tirásemos por un tobogán pero sin quitamiedos, lo que implicaba una peligrosidad extrema pero de humor amarillo. 


Llegamos abajo llenos de barro hasta las cejas (por no nombrar las partes íntimas) y con la dignidad de corredor perdida. Y de nuevo a subir a Demues, el ultimo avituallamiento a 5 km. de meta.


Allí ya solo queda coca-cola. Los dos paisanos nos dicen “solo os queda un cuestucu y ya bajada a meta”. Lo que los astures llaman cuestuco para el resto de mortales es un repecho de la ostia. El “cuestucu” era como una subida de esas de Chiloeches, de las que hacen daño. Y ya para abajo a Benia de Onis.


Pasamos por Bobia donde tenemos alquilada la casa rural .El camino está lleno de barro, casi sin darnos cuenta nos encontramos  ya en Benia y oigo los rugidos de la gente de meta, grito ¡MAS MADERA, MAS MADERA!  Y LLEGAMOS FERNANDO Y YO. Los penúltimos de la fila como percherones amarrados a las puertas de las pistas.

DOS PERCHERONES Y UN DESTINO

 



Nos congratulamos,  abrazamos a nuestras mujeres. Nos sentimos felices.


Lo cierto es que me siento muy contento de haber terminado esta aventura, y con ganas de una próxima. A sido sin duda la carrera más extrema a la que me enfrentado jamás y llevo unas pocas.

ESTE ES EL P... AMO

MATA UN REVIENTA CAMINOS

JAVI LIGERO COMO EL VIENTO

EDU TERCERO DE SU CATEGORÍA




Decir a mis cinco compañeros que si bien ya los admiraba antes, ahora os tengo a tope de gama, tenéis MUCHO MERITO tanto deportivo como personal. Eso no quita que me siga metiendo con vosotros en los entrenos, es lo que tiene. GRACIAS COMPAÑEROS.



GRACIAS NATI por tú apoyo en los momentos difíciles de entrenamiento. Fue duro, pero precioso. Lo repetiría otra vez.



Gracias a todos los compañeros del club que estuvieron pendientes de la gesta dando ánimos y en parte sufriendo con nosotros.

Hay momentos en la vida de los que siempre te acuerdas, que se graban en tu mente de una forma especial y que nunca olvidaras. Sin duda este fin de semana en Asturias es uno de ellos.

Gracias a la organización por lo bien señalizado del circuito (me parecio increible), y a los voluntarios de los avituallamientos, siempre con una sonrisa pese a la que estaba cayendo.


Luego en la casa rural hubo chuletón, las setas recogidas y fabada. Vino, zumo de seta y sidra. Amigos y anécdotas para contar.




 PALABRA DE PRONADOR…ERRANTE

NombrePuestoCatPos/CatCambaVega ArioBuferraTiempo Total
Isaac Pinto 141SenM631:52:386:04:467:22:0910:58:21
José Manuel Mata Lairado173VetAM781:50:416:21:377:56:2211:31:32
Javier Toribio Villaverde249VetAM1121:58:098:51:0513:26:57
Fernando Úbeda Bravo290VetBM251:59:087:29:269:28:2414:32:32
José Fernández Valencia291VetBM261:58:507:24:339:28:2514:32:32
Eduardo Lozano Valverde313EspM32:20:2110:25:2015:29:25