Tod@s corremos. Yo corro, tú corres, el/ella corre. A veces juntos, nosotr@s corremos, vosotr@s corréis, ell@s corren. Al final se trata solo de eso. CORRER.

MAMOCU TRAIL 2018 - La vida secreta de los percherones VII parte


1- El pacto de los seteros.



El sábado declinaba en dirección al domingo en la antesala del MAMOCU, el maratón de montaña de Cuenca, cuando los cinco llegamos a esta ciudad manchega para dejar nuestros enseres en el famoso camarote que tenía todo el aíre al de los archi famosos 5 hermanos Marx. Groucho, Harpo, Chico, Zeppo y Gummo. 





Tras dejar nuestros mínimos equipajes cargados de montaña e ilusión, nos encaminamos tras el Sherpa Javi hacia el “Cuatro estaciones”, donde dimos cuenta de sus famosas pizzas caseras y generosas ensaladas mientras brindábamos con cerveza y trazábamos el plan para el día siguiente. El plan en realidad era un pacto (UN PACTO ENTRE SETEROS), “hacer el trenecito”, cosa que hubo que explicar con pelos y señales a Javi que aun no conoce la jerga del club villano y pensaría cualquier otra cosa más obscena y lubricativa. Por allí se dejó caer Miguel (que correría la de 23km) y su mujer, para unirse al brindis y levantar cual notario improvisado acta del acuerdo, y lo sellamos firmándolo con un giño y un apretón de manos.

Hay que decir que estos cinco “seteros” (junto a Edu e Isaac que bien podrían ser Abbot and Costello)  tienen como objetivo superar en mayo el GTPE con sus 55 km y 4500 metros de desnivel positivo, que para eso están entrenando duro y el maratón de Cuenca era una buena piedra de toque para comprobar si el reto mayor era factible y probar si ese entreno estaba siendo bien encaminado.



Tras rezar un padre nuestro y tres aves Marías, yo José Valencia, que me sentía responsable de los otros cuatro, los vele y tape hasta que se quedaron dormidos como tiernos bebes.


2-Más madera (traed madera).




A las 5:30 suena el despertador. Vamos allá. Recogemos el dorsal, ajustamos los enseres montañeros a nuestros cuerpos y vamos para la salida en el parque de Los Moralejos. Allí a dos minutos del pistoletazo vemos a Sergio (sin barba) y Erika que también van a afrontar el MAMOCU.

Nos enfrentamos a un perfil de carrera que es un auténtico serrucho, un rompe piernas como se diría vulgarmente, uno de esos que los lo han diseñado te ponen metafóricamente y nunca mejor dicho “mirando a Cuenca”. Sus 12 subidas a lo más alto de la serranía Conquense, con sus doce bajadas a lo más profundo de sus collados hasta casi pisar las orillas del Júcar o el Huecar, son como unos toboganes infernales.



7:30 Salimos y vamos, una vuelta al parque, cruzamos el Júcar por primera vez y a subir.

Correr es tan simple como poner un pie delante del otro, y a eso nos aplicamos, sin perder el rojo del compañero “setero” de vista. Unas veces va Chico delante, otras oímos la bocina de Harpo que nos guía hacia delante o nos llama desde detrás, algunas Zeppo y Gummo son los que toman las riendas del trenecito bajando o subiendo, las más oímos a Groucho, loco de adrenalina, gritando “más madera, más madera” como en la película “Los hermanosMarx en el oeste” (aunque en realidad lo que gritaba en la original en inglés era ¡traer madera!). Vamos coleccionando cerros, el de La Merced, el Del Medido.





Tras esta primera “tachuela y media” llegamos a la primera escalada fuerte del día, hacia el kilómetro ocho empieza la subida hacia el cerro de las antenas, más de trescientos metros de desnivel salvados en poco más de un kilómetro lineal. Desde el lecho del rio a la parte más alta de Cuenca situada en el km 9,400 de carrera. Solo decir que los primeros 50 metros los tienes que salvar ascendiendo con una cuerda. Y tras subir de nuevo a bajar. Pasando por las Ermitas de San Julián el tranquilo y San Isidro, a los cuales nos encomendamos para que nos diesen la destreza suficiente para surfear entre las rocas húmedas, trastabillar, caer, levantarse. Y es que es dura la vida del santo percherón, pero es así. Sobre todo si Mata te clava los bastones en los pies……














Los siguientes kilómetros con sus subidas por peñascos inverosímiles, escasos llanos y penitentes bajadas entre rocas y senderos son para guardarlos en la retina por mucho tiempo. Que belleza contemplar la ciudad desde lo más alto, desde más de 1200 metros de altitud, el rio que parece un hilo verde esmeralda cortando impertérrito en dos mitades la ciudad. Las casas que desde  la cima parecen de juguete y nos hace sentirnos gigantes.


Y así sin casi darnos cuenta con el aliento contenido por la emoción y el esfuerzo, con los ojos como platos engullendo paisajes imposibles de ver para el que solo corre por el duro asfalto llegamos al kilómetro 15, y nos encontramos con el manto blanco de la nieve recorriendo todo lo que abarca nuestra vista, ¿nieve de marzo?, nieve poco probable, nieve.

Aquí el camino se hace un surco de hielo en el que cada paso es un equilibrio en el alambre, con un buen ritmo en la subida tendida, con lógico sigilo temeroso de caer en la bajada. 






Mientras Groucho no para de gritar ¡Más madera, más madera! Entre los bocinazos de Harpo y los selfies de Chico.

Javi y Mata abren el camino, Carlos, Fernando y yo seguimos sus huellas en la nieve como cazadores incansables detrás de su presa, detrás del Mamocu. Así, ofuscados en subir, sumisos al bajar, llegamos al avituallamiento de la media maratón en el Merendero del Socorro. Tras reagruparnos e hidratarnos con los diversos licores “sanos” como agua y un líquido naranja que allá nos ofrecían seguimos el camino. Por alguna sinrazón que mis compañeros saben porque siempre me lo dicen y que yo desconozco o se me escapa me vengo arriba, saco mi puro y empiezo a echar madera a la locomotora del trenecito. Yo, que soy el antónimo del buen corredor, marco el ritmo…. tirón a tirón… fartlek a fartlek… empiezo a adelantar corredores y corredoras… deslizándome sobre la nieve, sobre campos minados de guijarros que se esconden bajo la misma esperándote para clavarse en la suela de las zapatillas, para hacerte tropezar o torcerte un tobillo. 

Las Carboneras, Cerro del Covachón, Puntal del telégrafo, y de repente otra subida  de un desnivel pornográfico, llena de hielo libidinoso que nos hace agacharnos como primates hasta casi trepar, ya que erguidos como homo sapiens es imposible avanzar.



Llagamos a la cumbre Mata, Javi y un servidor, miramos atrás y Carlos y Fernando no llegan ¿quizás eche demasiada madera a la locomotora y se han descolgado dos vagones? , aflojo el paso bajando por ver si llegan y porque bajar no es lo mío hasta que volvemos a las hoces del rio, una alegría para la vista. Seguimos descendiendo hasta llegar al Barrio del Castillo y cruzar el emblemático puente de San Pablo sobre la Hoz del Huécar. 




Y allí esperamos a que lleguen nuestros compañeros, porque un pacto es un pacto y más si es entre seteros, y aunque parezca lo contario no nos gustan los brindis al sol. Sabemos que Carlos ha pasado una semana con un virus que aún le tiene flojo y que Fernando se ha caído en la bajada del kilómetro 10 y no viene muy sobrado. 

Tras una veintena de corredores llegan los dos, los distingo de rojo pasión a lo lejos. Zeppo nos hace una peineta y Gummo me llama h…p…..por lo que deduzco que sin venir bien tampoco vienen tan mal. Pero qué narices (por no decir cojones), si son Carlos y Fernando ¿hay algo que les pueda parar? ¿Algo que les medre en su propósito? ¿Algo que les haga retirarse sin haberlo luchado? .Le impongo las manos a uno y le doy un ibuprofeno al otro y como pulga San Benito se vienen arriba. Ya nada nos separará hasta el kilómetro 38,800.

 Porque los temores son menos si se comparten.
 

Ibuprofeno, polen, ajo negro, isotónica, un cola cao y dos torrijas nos dan el impulso suficiente para subir por las escaleras de piedra hasta el Castillo y para volver a bajar por la otra parte. 
Kilómetro 25, ya solo nos quedan 5 subidas y se supone que es el tramo “más fácil “ de la carrera. Pero ya sabéis (los que habéis corrido un maratón de montaña, claro) que este tipo de carreras no son como uno piensa, y que en el monte 2 + 2  nunca son 4.








Desde el 25 al 37 aunque vas bordeando por la orilla el rio Júcar (que sabes que esta hay pero que no lo divisas) viene la parte más fea de la carrera, las fuerzas no son las mismas y aunque Groucho sigue gritando ¡más madera! El ritmo se ralentiza, más aún propiciado por el terreno que es un autentico barrizal resbaladizo. 

Las Grajas, las Cañadillas, el Collado de la Atayuela. Son subidas y bajadas que nos rompen las piernas un poquito más. 

Sobre el kilometro 34 cruzamos el puente de valdecabras de nuevo sobre el Júcar, y emprendemos una escalada en la que en muchas ocasiones tenemos que asirnos con las manos en arboles y salientes para poder avanzar. Subimos por la Dehesa de Santiago para crestear y volver a bajar y arrimarnos de nuevo al Júcar. 

Los kilómetros se hacen eternos, los minutos pasan rápidos y parecemos no avanzar. Pero es lo que nos toca. Por eso corremos sin cesar (o caminamos cuando la cosa se empina mucho, es lo que hay), porque somos percherones que no encontramos la paz ni el horizonte de otra forma.  No podemos escapar de esto que somos, por más desniveles que superemos. Avanzando en el movimiento perpetuo al  que no podemos poner freno, con pisadas errantes con las que atravesamos campos dorados de trigo, eriales de roca y angostos peñascos. No importa ya la distancia, ni el ritmo, ni el tiempo que se tarde. El que escribe lucha contra las palabras, el corredor de verdad lucha contra el crono, los seteros villanos luchamos contra el desnivel. Fugaces, como brizna en el Monzón.



3-Brizna en el monzón



Kilómetro 38,800 y de repente no me queda madera, la he consumido toda a golpe de riñón y fartlek, solo simples astillas, mi alter ego Groucho Marx parece haberme abandonado y su eterno puro haberse consumido. Me cuesta dar un paso delante del otro y mis cuatro hermanos aunque los diviso a 50 o 100 metros se alejan justo en ese momento de carrera en el que un metro te parece un kilómetro y unos centimetros se hacen irremontables . 
Me arrastro hacia el alto de La Guindalera, allí me esperan en el último avituallamiento del km 40 Harpo, Chico, Zeppo y Gummo. Javi, Mata, Carlos y Fernando, tanto monta que monta tanto, cumpliendo el pacto. Me tomo dos mojitos de isotónica sin respirar y parece que algo de esa fuerza perdida vuelve a mí ser, aunque mi cabeza va por otro lado más adelante que mis pies. 

Soy una puñetera BRIZNA EN EL MONZÓN.

Descendemos por el cerro de La Merced y paramos para hacernos la última foto….






Ya se divisa Cuenca, ya se oye la megafonía y a los cansinos de AC/DC, cruzamos un nuevo puente , Carlos vacila a unos lugareños sobre algo del Conquense club de futbol y entramos en el Parque de Los Moralejos. Allí están Miguel y su mujer para darnos unos ánimos que siempre se agradecen (Miguel ya ha acabado su carrera) y para hacernos la última foto entrando los cinco hermanos en meta. 

Una foto memorable, impagable y difícil de darse. Porque un pacto es un pacto. Disfrutamos del instante.








En meta, nos cuelgan nuestra merecida medalla. 42 kilómetros, 2400 metros de desnivel positivo con su negativo respectivo.

Nos felicitamos y hacemos carantoñas, pero sin pasarse...

Al poco llegan Sergio y Erika, que también han realizado la proeza del MAMOCU, mi más sincera admiración para ellos, que también lo han entrenado hasta este punto con nosotros. 

Su historia ellos la contaran, seguro que es dura y bonita.



Miguel como digo hizo los 23 y seguro que habrá crónica.


Nos comemos 2 bocatas de jamón por barba y dos cervezas que nos regala la organización. Lamemos nuestras heridas, nos quitamos el barro y el sudor bajo al ducha y de vuelta a casa.




¡MÁS MADERA!  ¡MÁS MADERA!



Hasta la próxima.

Se buscan villan@s para subir montañas, para bajar pendientes, sin prisas. 
Sírvanse presentarse sin referencias ni CV.
Solo zapatillas que no os importe manchar de barro y saldar con muescas de cimas imposibles. 
Los papeles serán destruidos sin acuse de recibo….

42 km.


PUESTONOMBREPTO/CATPASO 1PASO 2META
185JAVIER TORIBIO VILLAVERDE1251:01:335:51:206:34:21
186FERNANDO UBEDA BRAVO471:02:305:51:266:34:21
187CARLOS SERRANO AGUILAR1261:02:185:51:216:34:21
188JOSE MANUEL MATA LAIRADO481:02:185:51:216:34:21
189JOSE FERNANDEZ VALENCIA491:02:135:51:276:34:21
210ERIKA DOBROVOLSKAITE81:09:456:08:456:49:11
211SERGIO TRIGO SIERRA1381:09:426:08:586:49:11

23 km.


PUESTONOMBREPTO/CATPASO 1PASO 2META
122MIGUEL ANGEL ROZAS RODRIGUEZ231:00:582:26:213:01:10
>



La organización de 10 sobre 10. Avituallamientos, señalización, circuito, bolsa del corredor (y los bocatas de jamón con cerveza) No tiene precio.

Palabra de Pronador……errante.

5 comentarios:

Carlos dijo...

Emocionante, gracias compañeros.

No lo olvidaré, una de las carreras más entrañables en las que he participado. Seguro.

¡Más madera!

Anónimo dijo...

Espectacular carrera como espectacular cronica como siempre Enhorabuena chicos por vuestra carrera grandes eres una campeona erika naty

Erika D. dijo...

Pedazo de crónica! Enhorabuena seteros,que bonita carrera y la entrada en la meta - juntos!!! De verdad que fue una maratón dura pero guapa guapa :) Terminar con la buena sensacion,sin dolores y con ganas de correrá más - una recompensa perfecta!

Miguel Ángel R. dijo...

Genial Jose. Un placer como siempre leer tus crónicas.
Una gran experiencia haber compartido con los siete la MAMOCU 2018 y un honor haber podido presenciar e inmortalizar esa ya mítica entrada de los cinco en META.
Enhorabuena a todos por vuestra maratón y por vuestro esfuerzo y empeño. Sois la h....a!! ;-):-)

Isaac dijo...

Que grandes!!!! Enhorabuena por la carrera y por la crónica. Que envidia me dais, el año que viene no me la pierdo. 💪💪