Cuando los sueños se hacen realidad hay que ver lo que te duelen las piernas al despertar

Tradiciones

                              Crónica de El Ocejón,  del Pronador Errante.

Albun de fotos de Erika (enormes):


(En la crónica también alguna foto prestada de Christian Gallegos)



La cultura española está llena de tradiciones. Las más típicas son los toros y el flamenco. Somos un pueblo fiel o adicto a este tipo de cosas, que pasan de generación en generación para goce, disfrute o crítica. Que mirándolas fríamente pueden parecer más o menos absurdas, pero que no dejan de ser un rastro importante de nuestra forma de ser y cultura.
Los carnavales de Tenerife, la siesta de norte a sur y este a noroeste. Las Fallas de Valencia consumidas por el fuego, la batalla a tomatazos de Buñol y su Tomatina. Los San Fermines y un largo etcétera. Que si nos fijamos, adoro este país precisamente por eso, la mayoría están relacionadas con la fiesta.
Pues bien, yo también tengo mi propia tradición que cumplo a raja tabla desde hace 11 años. Acudir cada primer sábado (antes era domingo) de junio a Robleluengo, para disputar la Media Maratón de montaña del Ocejón. 
Y aunque mi alma se lo toma como una fiesta, he de decir que mi corazón y mis piernas sufren. Pero como las otras tradiciones están condenadas a existir, yo estoy “obligado” a venir, este en el mejor momento de la temporada, en el peor, pletórico o lesionado. Es mi sino. Difícil de explicar, sobre todo a los que vinieron una vez y no se enamoraron de esta parte del país, de su montaña, de la Sierra de Ayllon, de su típica pizarra negra, el pico Ocejón con sus 2049 metros de altura y todo lo que quieran decir los diccionarios, que no sirve de nada si la primera vez el dedo del “algo más” no penetra en tu pectoral y te rasca el corazón.
La primera vez que me atreví a venir lo hice solo, no recuerdo quien me hablo de esta carrera o si quizás leí sobre ella en algún sitio. Desde entonces no he parado de regresar. Poco a poco fui convenciendo a unos y otros para que se arrimasen conmigo a las faldas de la montaña, en Robleluengo, y se animasen dorsales en pecho a subir a lo más alto y dejarse caer.
De esta manera, caras y piernas conocidas del club de atletismo al que pertenezco se han ido sumando y restando a mi amor por este lugar.
En esta edición del 2015 pude convencer, o se convencieron por si solos, a otros tres villanos (que podrían haber sido 4 si mi amigo Carlos Serrano no se lesiona). Y vaya tres….

Lolo, Virgi, el percherón y Sergio


                                           Para que tanto esfuerzo…
Eso me pregunto siempre cuando ya estoy en el punto sin retorno, metido en el fregado del desnivel de la carrera, andando, a 170 pulsaciones pero con el corazón como si quisiese abrirse paso entre las costillas, las sienes y los cuádriceps. Es en ese preciso  momento, en el que los últimos once años he pensado siempre la misma cosa “esta es la última José”, pero…

                                          Para que tanto esfuerzo…
La salida desde la misma era del pueblo la da como siempre “The special one” Fernando Barbero, un señor que quiere a la vida y a la naturaleza por partes iguales de una forma tremenda y singular. Que con un cencerro y una cuenta atrás nos manda dar una vuelta a Robleluengo y tomar el camino  de fila de a uno de Majaelrayo. 
Este pueblo  se cruza sobre el kilómetro 3 con el sol de las cinco de la tarde cayendo a plomo y mermando fuerzas si no te sabes controlar, ya que estamos en la parte “suave” del circuito. Llevo justo delante a Virginia y a Lolo aún le diviso 500 metros por delante. 
Hasta el kilometro 6 y el primer avituallamiento la carrera transcurre por continuos toboganes sin una dureza extrema pero que sí que hacen pupa.
Desde el avituallamiento ya empezamos la ascensión. Donde el percherón (yo) pone pie delante de pie para empezar a caminar. Al amigo Lolo ya ni le veo, Virginia se aleja en el horizonte como una estela imposible de seguir. Al poco, y tras un descanso en la subida, llega Sergio y se va, ¡!adiós villano te veo en la meta!
Desde atrás ves la hilera de corredores subiendo en un zigzagueante camino de subida, parece un camino eterno….



                                            Para que tanto esfuerzo…
El calor sigue a lo suyo, pisando fuerte sobre nuestras seseras y espaldas, yo también piso fuerte sobre el terreno, no por no caerme sino por mi eterna pronación y mis 86 kilos que me obligan a ello. 
Corredores y corredoras llegados de todas partes no paran de adelantarme, con sus camisetas verdes, rojas, amarillas o multicolores. Mientras dan ánimos que no por tantas veces oídos en tantas ocasiones son menos de agradecer “ánimo” “venga” “ya queda poco” “ahora llega un respiro”, etc. 
Algunos rostros conozco, otros me conocen o acabamos de entablar conocimiento y charlamos entrecortadamente por el esfuerzo de cosas sin importancia como el calor que hace, lo duro que es esto, la sandia de Villanueva o si de los cuarenta para arriba no te mojes la barriga.
Así, poco a poco, con lentitud pero sin levedad llegamos al avituallamiento de Peña Bernardo. El cielo de repente se ha cubierto de nubes, dándonos en este sentido una tregua. En otros tiempos un tipo nos recibía en estos lares  tocando la dulzaina, pero en esta ocasión no fue así, al parecer el hombre, aún joven pero experto tocador de dulzainas,  recién se había casado y andaba de luna de miel y que con él, amén de la esposa, también se llevo la dulzaina. 
Nos ofrecen plátano, membrillo, agua e isotónica y nos señalan el camino que debemos seguir y que es sin duda la parte más dura e exigente de la prueba, por el Collado de Valverde que haciendo estragos en nuestras piernas nos llevará al Ocejoncillo. 





                                            Para que tanto esfuerzo…
Tras un breve descansillo, nos anuncian  la última y pronunciadísima rampa que nos hará llegar a la cumbre, que parece infinita, plagada de hormiguitas con zapatillas que suben y de algunas, las más veloces, que bajan…y saludan, “Joseeeé”, “ya queda poco”, “lo tenéis Hecho”.
Saludo a Lolo, a Virginia y a Sergio por este orden según voy peregrinando hacia la cumbre y ellos levitan hacia la meta.
Y aquí de nuevo, tras 12,700 metros, en la cumbre. Donde contemplo lo pequeño que es el mundo y todo lo que en el habita.
Y venga que hay que bajar. 
Cuesta abajo, entre los bloques de pizarra, los salientes cortantes que emergen de la piel de la tierra como pelos afilados, piano, piano hasta que de nuevo me encuentro en Peña Bernardo y aquí la bajada es “más” transitable y cómoda. 
Con las piernas castigadas por la subida me pongo al tope que me dan (prefiero no hacer referencia de minutos segundos para no dejar constancia). Adelanto por primera vez en toda la carrera a dos o tres corredores mientras vislumbro  Majaelrayo más próximo a cada zancada que doy.  
Llegado al pueblo donde está el último avituallamiento, todos jalean “ese de Villanueva”, tomo el antepenúltimo respiro para afrontar los 2 últimos kilómetros de la Media del Ocejón.
Tras desandar lo andado hacia casi tres horas llego a Robleluengo, tuerzo a la izquierda y allí pone META, alzo los brazos mientras Fernando Barbero dice mi nombre. 
Once para la buchaca, otra vez lo he conseguido.



                                        Para que tanto esfuerzo…
Mis compañeros duchados y cambiados me esperan. Me cuentan sus hazañas.
Lolo 2 horas 12 más o menos, Virginia tercera mujer en llegar con 2 horas 20 más o menos y Sergio que está más que menos contento. Unas bestias.



Ducha calentita, cambio de ropa y mientras dábamos cuenta a las viandas y se jugaba el tercer y cuarto puesto de la Champions en la pantalla gigante, nos cayó la noche encima con el frescor de la sierra. Y como es tradición uno por uno nos fueron llamando para recoger nuestro trofeo. Del último al primero, donde lógicamente fui el primero de mis compañeros en recogerlo, paradojas.

Mientras lo cogía, Fernando barbero me llamo “otro mítico, de Villanueva nada menos”, que equivale a veterano, viejuno, abuelete, percherón y un largo etcétera.

                               Pero es lo que tiene tanto esfuerzo.
El año que viene volveré como dice la tradición, seguro que alguien vendrá conmigo.


Clasificaciones (cayó el record de Basi)


PUESTONOMBRETIEMPO
28ºMANUEL VERDEAL PORTERO2:17:18
VIRGINIA HERNÁNDEZ PEREZ2:24:28
67ºSERGIO TRIGO SIERRA2:36:41
96ºJOSÉ FERNANDEZ VALENCIA2:50:43

7 comentarios:

Virginia Hernandez dijo...

Vaya cronica. Ha dejado la mia x los suelos... jeje

manuel dijo...

Muy buena Blogger.

Gracias.

Jesús dijo...

Enhorabuena chic@s!!! subir ahí año tras año tiene su mérito...está tan arriba!!

Dave dijo...

Grande Jose, el año que viene te acompaño!!!

MERCE dijo...

Naaa, el percherón aunque sea con la pata al hombro la sube si o si....

claro que tiene merito 11 veces,y las que le quedan..

Enhorabuenaaa!!!!

El Peñu dijo...

Cuando una carrera "se vive" se nota al leerlo.

Yo por el contrario mi tradición me ha impedido asistir a esta fiesta las cuatro temporadas que llevo dentro de este mundillo, dentro de esta gran familia, que es el running. Trabajo, lesiones o simple descanso o agotamiento.

Después de leer vuestras crónicas, algún año intentaré romper con mi tradición

ENHORABUENA

Eduardo dijo...

Bravo a los 4.

Estupenda crónica, Jose, volveremos.